
Pilar de la Horadada es donde termina la Costa Blanca y empieza Murcia. Las playas son largas y de poca profundidad, con paseos marítimos en lugar de torres, y una atalaya del siglo XVI sigue vigilando la arena en Torre de la Horadada.
Tierra adentro, el pueblo sigue a lo suyo: mercado semanal, una plaza como debe ser, colegios y polideportivos que funcionan también en invierno. Entre ambos queda Pinar de Campoverde, un pinar residencial donde el aire huele a resina.
Aquí se sentirá en casa quien busque playas para la familia, un pueblo que vive todo el año y vecinos que saludan en la panadería.
El frente de playa más animado, bungalows modernos
Puerto deportivo, restaurantes, la vieja atalaya
Villas entre pinos, tranquilo y verde
El extremo sur, junto a las lagunas del Mar Menor
El pueblo que trabaja: mercado, colegios, la España de cada día