
Torrevieja no es un destino que eche el cierre en octubre. Aquí viven noventa mil personas todo el año: las panaderías abren temprano, los autobuses circulan en enero y el mercado del sábado llena las calles sea la estación que sea. La ciudad creció alrededor de la sal: dos enormes lagunas rosadas quedan justo tierra adentro, y el aire que corre entre ellas y el mar tiene fama de ser fácil de respirar.
Al caer la tarde, el paseo marítimo se llena de familias que bajan la cena caminando. Los barcos de pesca entran en el puerto. Da la sensación de una España en la que además viven extranjeros, y no de un lugar construido para ellos.
Aquí se sentirá en casa quien busque una ciudad de verdad y no un complejo vacacional: un sitio con pulso en invierno y el mar al final de la calle.
Apartamentos en primera línea, vida de paseo marítimo, todo a pie
Calles arboladas en alto, villas con vistas a la laguna salada
El corazón turístico, playa y restaurantes en la puerta
Avenidas anchas, urbanizaciones cerradas, piscinas y adosados
La ciudad que trabaja: comercios, el puerto deportivo, las direcciones más asequibles